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A pesar de la crisis, que parece haber condenado a muerte a la prensa convencional, y de las duras críticas recibidas, algunas llegadas incluso desde el extranjero, ‘La Razón’ se mantiene firme al pie del cañón.

Y eso que en 2013 su cifra de ventas (es decir, la difusión) acumuló una caída del 45% con respecto a la de 2008 y la recaudación mensual vía publicidad se situó al filo de los 2,5 millones de euros.

Desde luego, los datos de ‘La Razón’ son preocupantes, pero, contra lo que ha ocurrido en buques como ‘El País’, ‘El Mundo’ y ‘Abc’, no han obligado a ejecutar monstruosos expedientes de regulación de empleo, en parte gracias a la toma de medidas de ajuste alternativas (bajadas de sueldo generalizadas), a la proverbial austeridad del medio, a su poca afición a las grandes aventuras corporativas (siempre ha huido de la compra de otros periódicos y nunca ha soñado con conquistar otros continentes ni otros canales) y a la solidez de su casa matriz, el todopoderoso Grupo Planeta.

Fundado en 1999 por Luis María Anson, académico de la lengua, expresidente del concurso Miss España (!) y con un jugoso currículo en la prensa conservadora nacional, ‘La Razón’ va de cara: apoya al Partido Popular y es católico y monárquico, lo que le ha permitido granjearse la confianza de un buen puñado de incondicionales, principalmente hombres conservadores de clases media y media alta, con edades comprendidas entre los 25 y los 54 años y residentes, sobre todo, en Madrid (en la capital se concentra el 41% del público), Castilla-La Mancha y Andalucía.

Tirando a modoso en sus orígenes, ‘La Razón’ se ha adaptado al competitivo y deprimente contexto actual llevando cada mañana dinamita a los kioscos, en forma de portadas con titulares de gran contundencia, con un marcado acento ideológico y con montajes fotográficos que no destacan precisamente por su sutileza: ha llegado a comparar a Xabier Arzalluz, antiguo presidente del Partido Nacionalista Vasco, con Bin Laden, y a publicar imágenes con nombres y apellidos de estudiantes a los que ha tachado de “agitadores” por rebelarse contra los recortes del Gobierno en educación.

Pero ‘La Razón’ no solo destaca por su contenido (con firmas tan polémicas como las de los periodistas Alfonso Ussía y César Vidal), sino también por la figura de su director, Francisco Marhuenda, la mejor herramienta de marketing del periódico, fijo en todas las tertulias y debates de la radio y la televisión, un abogado y expolítico que jamás se muerde la lengua, que ha sabido empaparse del espíritu de sus lectores y a quien, desde luego, nadie puede acusar de no ser un hombre fiel a su público y sus principios.