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Presente en 500 rincones de 50 países, con una plantilla de 10.000 trabajadores y líder absoluto de su sector, Groupon nació en 2008 en Estados Unidos con ganas de comerse el mundo y de revolucionar tanto el comercio online como el tradicional.

Y lo ha conseguido, aunque por el camino se haya dejado casi todo su valor en la bolsa y se haya ganado una ruidosa fama de empresa poco transparente (se ha visto obligada a corregir sus cuentas en varias ocasiones) y amiga de las políticas agresivas en lo que a la relación con sus clientes y sus empleados se refiere.

¿En qué se basa su negocio? En los cupones de descuento: las páginas web de la compañía publican cada día una tonelada de ofertas (de entre el 50% y el 90%) en productos y servicios de todo tipo, desde tratamientos de belleza y sesiones de depilación láser hasta fines de semana en balnearios o relajantes jornadas de spa; los internautas registrados en Groupon pueden comprar dichos cupones, imprimirlos y utilizarlos en un plazo de seis meses.

Con una condición: las ofertas solamente se activarán en el caso de que un número concreto de usuarios adquiera los descuentos, de ahí la importancia de la viralización de las ofertas en las redes sociales y del siempre efectivo boca a oreja.

No hay duda de que Groupon, que cuenta con una importante nómina de imitadores y competidores (Groupalia y Let’s Bonus, por ejemplo), es un hervidero de chollos, pero ¿qué ventaja supone para las empresas que se anuncian en ella? Tal y como señala la propia compañía, visibilidad, tráfico, ingresos… Por supuesto, la realidad es mucho más compleja: para poder venderse en Groupon es necesario lanzar descuentos de no menos del 50%, pagar una comisión exorbitante (también de en torno al 50%) y comprometerse a permanecer fiel a la página web por un tiempo determinado (bajo amenaza de una penalización superior a los 2.000 euros).

Cuestiones contractuales aparte, la eficacia de Groupon está en tela de juicio: es, efectivamente, una herramienta formidable para llamar la atención, pero siempre de un público que busca gangas, no productos ni servicios concretos; además, fidelizar a este tipo de clientes resulta sumamente complicado, pues, una vez que han pagado por algo con un descuento del 60%, no están dispuestos a repetir más adelante al precio habitual.

Precisamente este es el talón de Aquiles de Groupon: dan igual los usuarios y la calidad de las promociones anunciadas (frente al éxito de espacios como Privalia, por ejemplo, mucho más selectivo y especializado), solamente importa la cantidad.