El overbooking, una estafa legal

Es una práctica habitual entre las compañía aéreas, quieren aprovechar al máximo sus vuelos y obtener la máxima rentabilidad, tanto que hasta les está permitido vender más plazas de avión de las que tiene la aeronave.

En previsión de que algún pasajero no vuele a última hora o pierda su vuelo, las compañías venden algunas plazas de más y se produce el efecto overbooking. Suena un poco extraño que alguien vaya a dejar escapar su vuelo tan fácilmente como para dejar multitud de plazas libres, las estadísticas sí reconocen que hay pérdidas de vuelos cada día pero desde luego ni en todos los vuelos ni todos los pasajeros.

La primera incógnita, por lo tanto, es entender el por qué la Ley permite estas prácticas, puesto que son legales. El argumento que ponen encima de la mesa las compañías se cae por su propio peso, si realmente los viajeros no acudieran a coger sus vuelos, no se darían situaciones de overbooking. El tema está envuelto en un halo de oscurantismo, ¿cuántos viajeros son realmente víctimas de overbooking en España? Y, ¿cuántas ejercen sus derechos?

Realmente encontrarse en una situación de este tipo es iniciar un camino que se extiende en el tiempo y que requiere la inversión de tiempo y ganas. En un primer momento la compañía intenta negociar con los viajeros que de manera voluntaria se queden en tierra a cambio de algunos beneficios que se concretan antes de que el avión emprenda el vuelo.

Si no hay ningún voluntario o si el número de pasajeros a los que no les importa esperar es menor del que se necesita, es cuando la compañía impone a un número determinado de pasajeros la prohibición de embarcar. Y es legal.

El máximo de indemnización que se puede conseguir al ejercer el derecho a la reclamación será de 600 euros y para eso el viaje perdido tendrá que ser de al menos 3.500 kilómetros. La cantidad está estipulada en función de los kilómetros, aunque en ningún caso parece adecuarse a la realidad.

Existe una Ley con la que la Unión Europea regula este tipo de situaciones, pero en ningún caso vela por los intereses del viajero que se puede quedar en tierra por la venta de más plazas de las existentes.

Con todo con eso es conveniente saber que en esta situación, si el viajero ha de esperar al día siguiente para salir, la compañía aérea está obligada a procurar cobijo y alimento a esos pasajeros hasta que puedan viajar. Igualmente les puede ofrecer una alternativa de vuelo en condiciones similares o mejores a las contratadas, en el caso de que el cliente no esté satisfecho con esta opción, puede reclamar la devolución íntegra de su dinero.

La Ley ampara a las compañías aéreas que pueden engañar directamente al pasajero sin verse afectadas en nada, es una práctica legal y regulada con el beneplácito de Europa y redunda en lo que pasa siempre: el que paga los platos rotos es el ciudadano de a pie. Porque 600 euros de indemnización cuando se habla de un viaje superior a los 3.500 kilómetros es de chiste, o mejor dicho, de vergüenza.

El consumidor, una vez más, ve cómo sus derechos se pisotean bajo el amparo de la legalidad, aunque no de la moralidad.

 

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