El negocio de fiestas populares como Halloween

Si hay algo en lo que nos parecemos españoles y americanos es en la celebración de fiestas populares. Aunque hay que decir que ellos lo hacen con mucha más gracia que nosotros. Su decoración, sentimiento y entrega convierten sus fiestas en más profesionales, posiblemente debido a que disfrutan de un mayor poder adquisitivo.

En España, cualquier excusa es buena para hacer una fiesta. Pero en muchas ocasiones esas fiestas vienen impuestas por tradición.

Es el caso de Halloween o, en español, “la noche de difuntos”. Se trata de una noche en la que hay que disfrazarse de algo siniestro, vale tanto bruja como fantasma, y hay que decorar la casa. En Estados Unidos, lo preparan con mucha antelación porque decoran casas, calles y parques.

La tradición hace que los niños vayan puerta por puerta, pidiendo caramelos a los vecinos. Siempre disfrazados y con una calabaza en su mano como bolsa para meter las golosinas. Todo esto tiene una larga tarea de merchandising previa.

Meses antes, comienzan los anuncios de esta festividad y las tiendas se decoran para dar pánico y anunciar que tienen el tiempo justo para adquirir sus artículos de miedo.

En España, pasa algo parecido. Si la noche de difuntos es el 31 de octubre, a principios de mes comienzan los preparativos.

Los que primero empiezan son los parques temáticos. Anuncian a bombo y platillo que, durante esas fechas, en sus recintos se vivirán emociones escalofriantes. Sustos, miedo y risas aseguradas. Así consiguen que padres e hijos compren las entradas para pasar unos días terroríficos.

Pero no son los únicos. Los grandes almacenes también se suben al carro. Son capaces de decorar la tienda de arriba abajo con motivos animados que dan miedo. Murciélagos, fantasmas y calabazas que, precisamente en estos días, pintadas con colmillos y dos ojos, llegan a costar hasta 5 euros.

Un negocio que ha ido extendiéndose con el paso del tiempo y que ha conseguido que España celebre este día como una fiesta popular de gran tradición que, paulatinamente, ha ido sustituyendo o conviviendo lo que era la víspera de ir al cementerio a visitar a los difuntos.

Entre todas, las tiendas de disfraces son las que más ingresos obtienen. De mejor o de peor calidad, pero quien no vaya disfrazado esa noche no estará en el ambiente. Diablos, zombis, niñas del exorcista e, incluso, médicos y enfermeras sangrientos son los disfraces que más se venden en estos días. La idea es que todo el mundo lleve su disfraz terrorífico.

Pero esa noche, los locales de copas también hacen su particular agosto. Generalmente, organizan fiestas a las que obligan a ir disfrazados y con calabazas a los asistentes y que cuestan más dinero del habitual.

Un complot de los empresarios para que todo el mundo celebre esta fiesta. Los supermercados decoran sus establecimientos para crear ambiente festivo. Las tiendas de disfraces se convierten en el centro neurálgico en estos días.

Y los locales de copas, organizan fiestas a las que es obligatorio asistir con todos los elementos adquiridos previamente. Una combinación perfecta que consigue que celebremos todas las festividades que los negocios quieren vendernos.

 

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