El negocio de especular con el valor de monedas antiguas

Dentro de lo que se han venido en llamar “inversiones alternativas” se encuentran el arte, el vino o las joyas, pero también diversas formas de coleccionismo, tales como los sellos, las monedas o los billetes, las acciones antiguas, etc.

A este tipo de operaciones, se las llama “alternativas” porque se trata de inversiones un tanto especulativas al moverse en mercados estrechos o poco líquidos; es decir, con pocas operaciones y, normalmente, cerrados para los profanos.

Hay que estar en cada uno de estos “mundillos” para poder entender y valorar la posibilidad de estas inversiones. Las grandes fortunas siempre se han beneficiado de ellas, dado que mantienen escasa o nula correlación con las inversiones más populares, no son para todo el mundo, pues son muy especializadas, y su riesgo es muy alto.

No obstante, uno de los verdaderos valores del coleccionismo como inversión es la posibilidad que ofrece de disfrutar de la posesión o la belleza de lo coleccionado frente a otros activos tan feos como unas acciones o unos bonos.

El coleccionismo como satisfacción personal o afición es una buena forma de empezar una inversión de futuro incierto ¿Qué pasará con la colección pasados unos años? Esa es una pregunta de complicada respuesta para un inversor, pero carente de importancia para un coleccionista.

Pues bien, una de estas inversiones es la numismática o el coleccionismo de monedas antiguas. Para hacerse una idea, el valor de una moneda antigua depende de variables tales como edad, rareza, condición, denominación y metales que la componen.

La edad es la clave en este tipo de coleccionismo, pues la datación suele ser la clave del interés para coleccionarla y, por tanto, una de las principales variables para acercarse a su precio de mercado.

También es muy importante la rareza. Hay monedas que se fabricaron en periodos muy cortos de tiempo o con errores, lo que ha incrementado su valor, independientemente de que sean o no antiguas. Había una serie determinada de monedas de 25 pesetas (aquellas con agujero) que llegaron al mercado provenientes de una serie defectuosa.

Dicha serie fue retirada cuando ya estaba en circulación, pero los coleccionistas pagaban muy bien por conseguir integrar una de estas monedas en su colección.

Obviamente, a los coleccionistas les interesa la situación o condición de las monedas, pues no es lo mismo guardar una moneda con todos sus detalles intactos, que con roturas, muescas u óxido.

De la misma manera, las “grandes monedas”, entendiendo como tales las monedas de mayor valor que circularon en una época concreta, son más atractivas que las pequeñas. Puestos a coleccionar, mejor hacerlos con una moneda de dos euros que con una de diez céntimos.

Por último, y en relación a este punto, es importante conocer los metales preciosos con los que se crearon esas monedas y en qué grado de finura lo hicieron, pues, por ejemplo, hay monedas que pueden tener un mayor precio de mercado gracias a su peso en oro y no por su valor numismático.

Para no cometer errores de principiante en una colección de monedas antiguas, tanto si se hace con un sesgo altruista como con un sesgo inversor, conviene recordar el dicho de que “hay que comprar primero el libro, después la moneda” para ir conociendo el ‘mundillo’.

Y, por supuesto, dejarse asesorar por vendedores con garantías. Así, algún día, quizá se posea una inversión que se revaloriza a partir de una afición bien llevada.

 

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