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Fue una de las niñas bonitas de la bonanza. La entrada del poder político en el control de las Cajas de Ahorro españolas supuso el comienzo del fin de dichas entidades (de hecho, todas las instituciones financieras intervenidas son Cajas de Ahorro, a excepción del Banco de Valencia) e, incluso, del origen de las Cajas, el denominado Monte de Piedad que surgió en el siglo XVI para responder a las necesidades de los más desprotegidos. Curiosamente, Bankia se ha convertido en todo lo contrario, un agujero negro que se ha llevado por delante a más de un inversor para terminar siendo nacionalizada en parte, pues BFA, su matriz, ya es del Estado.

Cajamadrid fue el cuarto grupo financiero del país, pero… En un principio, las luchas políticas y públicas entre la entonces presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, y el presidente de Cajamadrid, Miguel Blesa, por el control del poder fueron mayor preocupación que la rentabilidad que obtenía la caja. Por cierto que, hoy, Miguel Blesa está en la cárcel por la compra del City National Bank de Florida, la gota que colmó el vaso.

Como todas las entidades financieras, Cajamadrid se subió al carro del ladrillo y vio en los activos inmobiliarios y en la financiación de promotores su particular gallina de los huevos de oro, junto con la dación de hipotecas a perfiles arriesgados. Con la llegada de Rodrigo Rato a la dirección se pretendió cambiar la reputación de una entidad maltrecha por las pugnas políticas.

Con él, llegó la fusión con Bancaja (tú que no puedes, llévame a cuestas dice el refrán) y la salida a Bolsa de Bankia. La entidad se convirtió en la mayor inmobiliaria del país contando con el beneplácito de los reguladores. El Banco de España dio el visto bueno a la fusión de los dos “zombies” y la Comisión Nacional del Mercado de Valores permitió la salida a Bolsa de Bankia, con unas cuentas que están siendo investigadas….

El consejo de administración de Bankia aprobó el 28 de marzo de 2012 las cuentas correspondientes al ejercicio 2011. En el balance, constaba que se habían ganado 306 millones de euros. Con este resultado, se planeó la salida a Bolsa de la entidad que debutó el 20 de julio en el parqué. En mayo del año siguiente, se reconoce que las cuentas son incorrectas y que no había tal beneficio, sino un agujero de 3.318 millones de euros. La auditora Deloitte había avalado los números de Bankia, proceso por el cual se les podría retirar la licencia como ya sucediera con Arthur Andersen y el caso Enron.

De esta forma, los inversores que compraron títulos de Bankia a 3,75 euros por acción el día de su debut en Bolsa, ahora ven cómo cotiza por debajo del euro y han demandado a la entidad por supuestas cuentas falsas. Por otro lado, no están ajenos a las demandas judiciales los miles pequeños ahorradores que compraron acciones preferentes hasta alcanzar los 3.123 millones de euros (sumando las acciones preferentes de todas las cajas que componían Bankia, según recoge el plan de reestructuración que la Comisión Europea aprobó para la entidad). Por cierto, la ley establece que las preferentes no se pueden vender a minoristas.

Así, suma y sigue… Porque ¿dónde estaban los reguladores cuando se cometían todas estas tropelías? Desde luego, no estaban cumpliendo con su deber: el control y la salvaguarda de los intereses comunes.