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La era de compartir archivos a través del correo electrónico y de la necesidad de tener siempre a mano un pen drive, llegó a su fin. La información se guarda en la nube, así no corre peligro si falla el ordenador ni ocupa toneladas de espacio en los dispositivos quitándoselo a otras funciones. Dropbox no ha dejado de crecer, pero la confianza de los usuarios ha tenido sus momentos. La seguridad y la privacidad del servicio han sido cuestionadas varias veces.

La estrategia en la que se basa el negocio se conoce como ‘Freemium’. Con la palabra ‘gratis’ atraen al consumidor (dispone de dos gigas de espacio), aunque si quieren más capacidad (ser clientes Premium), tienen que rascarse mensualmente los bolsillos pagando una cantidad que depende de lo que deseen aumentar su carpeta.

2011 fue un año movidito para la empresa que sacó adelante Drew Houston cuatro años antes. Al que, por cierto, vino la idea después de que el disco duro de su ordenador se quemara con todos sus archivos dentro. El entonces pez pequeño daba un disgusto a Steve Jobs. El presidente que más uso dio a los jerséis de cuello alto, quiso comprar la compañía ofreciendo unos 580 millones de euros para integrar Dropbox en el universo Apple y fracasó. Así que poco después, viendo el beneficio que generaba la idea, sacó su propia versión de almacenamiento online, iCloud.

Cuatro horas sin el control adecuado en un día de junio de 2011 fueron suficientes para que cualquier persona pudiera acceder a las cuentas. Según la empresa, sólo un 1% de los usuarios habrían sufrido el ataque a su privacidad, pero volvía a sembrarse la duda sobre la fiabilidad de subir los archivos a la nube. No era la primera vez. Christopher Soghoian, activista especializado en ciberseguridad, descubrió la facilidad con que las compañías de estas características pueden vulnerar el derecho a la intimidad de los consumidores. En el caso de Dropbox denunció que los empleados tenían acceso a la información obligando a la empresa a aclarar y rectificar públicamente su manera de funcionar.

Dropbox facilita que cada uno almacene sus datos y tenga acceso a ellos desde cualquier sitio (siempre que haya una conexión de internet disponible). Sin embargo, las fórmulas de seguridad, que según sus responsables están copiadas de las de los bancos, han mostrado que ese acceso no solo está al alcance del usuario, que este almacén en la nube tiene demasiadas puertas abiertas.

A pesar de aquella crisis de servicio, las cifras muestran la expansión de la compañía. En cinco años han pasado de 10 millones de cuentas registradas a unos 200 millones. Dropbox almacena más de 1.000 millones de archivos y su plantilla sobrepasa los 500 trabajadores frente a los 30 que empezaron. Sobre la rentabilidad en un futuro próximo, la cosa no está clara. Se desconoce cuál es el porcentaje de cuentas de suscripción gratuita que no soportan los gastos del negocio y además, la competencia ofrece mejores precios. Un panorama que da para pensar que no volverá a rechazar la oferta de otro gigante.