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Su propio nombre suena a otros tiempos, a cuando los heraldos llevaban las noticias y las informaciones y el periodismo no era una ciencia de esas de la información que se estudian en las facultades españolas. Difícilmente puede ser una ciencia aquello que viene a contar lo que sucede, los hechos relevantes que van marcando el devenir del porvenir, que como decía el poeta, está por venir.

El Heraldo de Aragón es un diario que nació a finales del siglo XIX para dar buena cuenta de los acontecimientos más importantes que sucedían en Aragón. Las teorías de la comunicación han dado forma a lo que siempre se ha intuido: la importancia de la cercanía a la hora de contar un suceso. Si mueren 20 personas en la ciudad de al lado, la noticia tendrá una relevancia mucho mayor que si fallecen 100 en un país a 3.000 kilómetros. Cuanto más cercano sea un acontecimiento, más impacto tiene en la población.

Y eso que hoy parece de perogrullo, les sirvió a algunos emprendedores del siglo XIX para poner en marcha los periódicos de índole regional que, aunque con sus más y sus menos, siguen aguantando el tirón y saliendo cada día de las rotativas.

Ahora bien, está subido en el carro del incesante goteo de pérdida de lectores del que tiran todos los periódicos en formato papel. En el mes de octubre de 2013 perdió casi un 5% de ventas, y suma y sigue (las pérdidas), una tendencia que se está viendo en el periodismo de antes incluso de que la crisis hiciera temblar los pilares de muchas redacciones de medios de comunicación.

El problema llega por dos lados, de una parte el Heraldo tropieza con su propia línea editorial, conservadora y anclada en una visión virada hacia la derecha de la realidad pero con cierto aire regionalista. Es un arma de doble de filo: convertir el medio en mensaje es una manera de reducir el público al que te diriges.

Por otra parte el Heraldo ha jugado a lo que han jugado todos los medios impresos en este país, al tiro en el pie. Había que estar en internet, tener una web actualizada, dar contenido trabajado… Pero nadie pensó que si se da el contenido de manera gratuita a través de internet, ¿por qué va a pagar mañana un ciudadano por la información en papel cuando ya la ha conocido hoy en la red y gratis?

Las prisas no son buenas consejeras, y ahí está el Heraldo de Aragón, en ese trapecio de circo que es el periodismo en papel, sin soltarlo, pero queriendo agarrarse a otro trapecio que es el periodismo digital. Es el trabajo del acróbata, soltar un trapecio y coger otro. En ningún caso se pueden coger los dos a la vez, es imposible.

De momento sigue apoyado en el tirón de la información local que interesa a un segmento de la población que no está, en ningún caso, vinculada a internet. Pero el tiempo se agota, los nativos digitales van creciendo y ellos nacieron con la red de redes debajo del brazo. Hay que soltar el trapecio… Tic toc, tic toc, tic toc.